La Interventora

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La interventoria es una figura que se utiliza en distintos países para hacer el seguimiento, la verificación y el control al contrato firmado entre el cliente y el contratista. En algunos casos el interventor puede actuar ante el contratista en nombre del cliente y, en otros, el interventor es una empresa que trabaja junto con el contratista, pero con completa libertad técnica. En realidad lo más deseable es que el interventor cuente con una completa autonomía, aunque en la práctica esto no es posible. Siempre existirá un vínculo contractual, de ahí la importancia del profesionalismo que debe primar en esta relación contractual.

La interventoria puede comprender diferentes funciones. En su concepto más amplio el interventor controla los aspectos tanto técnicos como administrativos; revisa los documentos que emite el contratista; constata la cantidad de trabajo que este factura; aprueba o rechaza las cuentas de cobro; vigila el enganche y los pagos salariales de los empleados; está atenta a las pruebas y ensayos en materiales y equipos. Además, se cerciora del cumplimiento de las especificaciones, normas y estándares que aparecen en las instrucciones de licitación elaboradas por el cliente.

En cuanto a su enfoque, la interventoría puede ser de dos tipos: de diseño, o de construcción. Vale destacar que se trata de dos disciplinas muy distintas, dadas las características tan diferentes que hay entre ellas. El diseño es una actividad en la que priman los cálculos matemáticos, la creatividad, la elaboración de planos, la escogencia de estándares y la selección de las especificaciones técnicas . Por el contrario, la construcción es una labor de materialización del proyecto, en donde se trabaja con toda clase de equipos, se manejan variados grupos de mano de obra, se adelantan montajes e instalaciones y se aplican las pruebas y los controles de calidad a los materiales antes y después de su colocación en la obra.

Podría pensarse que los proyectos pueden aumentar su costo al incluirse la figura de la interventoria. Esta apreciación puede se cierta si se mira exclusivamente el aspecto económico. Con todo, si el cliente dispusiera de una agrupación que hiciera las veces de la interventora, los costos seguramente serían mayores al tener que absorber los tiempos muertos durante los cuales no se estén manejando contratos.

Lo cierto es que las funciones de la interventoria exigen personal muy calificado dada la responsabilidad que enfrenta. Es decir, las destrezas técnico-administrativas de este organismo deben estar a un nivel mayor al que detecten el cliente y el contratista. De no ser así, las cosas no marcharán bien, ya que repetidamente la ejecución de un proyecto genera situaciones conflictivas en donde el interventor debe actuar como árbitro. Tal sería el caso de interpretar en forma correcta una cláusula contractual, o una especificación técnica. En este sentido, sin embargo, es común encontrar cláusulas contractuales en las que se estipula que el contratista es el único responsable de la calidad de los trabajos y que el hecho de acatar las observaciones del interventor, no lo exonera de su responsabilidad. Esta aclaración lleva implícito el hecho de que el contratista puede hacer caso omiso de las recomendaciones del interventor, si considera que la manera correcta de adelantar una actividad cualquiera, es como el contratista la ha concebido y programado.

En resumen, la interventoria como tantas otras figuras que contempla la ejecución de proyectos, viene a echarle más leña al fuego, a ese mundo tan complejo que es el manejo de las obras de ingeniería. Aunque es justo reconocer que se trata de una figura que equilibra y facilita los trámites contractuales y asegura buenos resultados en especial en los aspectos técnicos.

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Sobre el Autor

H.F. FACCINI. Investigador y analista petrolero. Ganador del premio nacional de inginieria. Director y professor universitario. Director de proyectos. Autor de mas de diez libros sobre gerencia de proyectos.

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